Entre niños y perros se crea un vínculo emocional, que, sobre todo, en las primeras etapas de la vida cumple con los objetivos propios de esa fase. Es decir, sentirse queridos de forma incondicional, competentes y capaces.

 

El vínculo es bidireccional entre el humano y el animal, no importa que el niño sea hijo único o miembro de una familia numerosa. Precisamente, la bidireccionalidad es la magia del vínculo.

 

Los beneficios están siempre y cuando se garantice el bienestar y el equilibrio de todos los miembros de la ecuación. Eso se consigue trabajando valores tan importantes en el día a día de las relaciones como el respeto y la tolerancia.

 

Para los niños, tener un perro en casa trae consigo beneficios preventivos en diferentes ámbitos, como el psicológico, social y físico.

 

Esta relación entre el niño y el animal aumenta la motivación, la autoestima, la seguridad en sí mismo, la socialización con el entorno, la estimulación cognitiva -al saber que hay que hacer determinadas tareas en un orden concreto-, la memoria, etcétera.

 

Tener perro incrementa el sentido de la responsabilidad en un niño de una forma muy gratificante y positiva, si las condiciones son adecuadas y si tiene un entorno familiar que propicie esa responsabilidad.

 

Un perro como animal doméstico también aporta a los menores beneficios en el plano físico. Básicamente, aumenta la actividad física, al practicar más cantidad de ejercicio y de una forma más intensa y más constante, ya que a un perro le tienes que sacar a la calle dos o tres veces al día.

Un perro no es un juguete

Un aspecto importante que deben tener claro los padres que se plantean adoptar un perro es que este no es un juguete ni un capricho del niño. Incorporar un perro u otro animal de compañía a la familia es incorporar un ser vivo que convivirá muchos años con nosotros.

 

Por tanto, hay que tener muy claro si podremos brindarle todo aquello que necesita (tiempo, energía, cuidado, alimentación, educación…), porque el perro, de una manera incondicional, nos va a dar lo mejor de sí mismo.

 

No hay que olvidar que el cuidado de un perro requiere seguir unas pautas higiénico-sanitarias para que esté sano y no transmita enfermedades a los niños (ni a los adultos). Además de una buena alimentación y descanso, son necesarias las desparasitaciones, las vacunaciones y el seguimiento.

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